Una niña se paro frente al espejo;
anhelaba ser payaso
no quería nada más en la vida;
cubrió su rostro con maquillaje
y brincando fue hacia sus familiares;
ante ellos demostró sus dotes
como payaso;
no existía nada mejor en el mundo que ello
Fue recibida con aplausos
y despedida con vitoreos;
aquella niña
vio aquella tarde
como su sueño se empezaba a hacer realidad;
su risa, su simpleza
y su gracia cautivaban a todo aquel que la veía;
bebés, niñas, adolescentes, mayores y ancianos;
todos caían,
todos igual;
rendidos ante quella niña,
que ya dejaba de soñar
para ver como todo era real
Empezó a regir su vida
con los horarios de un payaso,
separaba su vida por funciones;
y se olvido del reloj
y del apremio del tiempo
Aquella niña dejo de serlo
se convirtió en mayor,
pero eso no impidió que siga deslumbrando
a todo aquel que la veía actuar,
manteniendo la simpleza, la gracia
y con una sola sonrisa
lograba cautivar a todos los presentes
antes de cada acto
se colocaba siempre su maquillaje,
con el furor y la emoción del primer día,
con la misma alegría
Pero el reloj no se detuvo, nunca lo hizo;
el tiempo transcurrió
y aquella joven niña, que luego fue mayor
y siguió creciendo;
no podía seguir cautivando como antes,
su presentación perdió lo que antes irradiaba;
dentro suyo se negaba a aceptar
que su sueño había terminado;
pero el tiempo dictamino lo contrario
El reloj, aquel que había olvidado y guardado,
lleno de tierra, de polvillo
le aviso que ya era hora
Entonces aquella señora, la otora niña
procuro, con la misma ilusión de antes;
maquillarse como la primera ocasión,
como quien ansía dar un espectaculo;
era su última función,
su última salida a escena
y quería cumplirla correctamente;
salió con soltura, con energía
enhebrando en su rostro la sonrisa
que antes cautivo a tantos
Y termino por acostarse, maquillada
alegre y enérgica hasta el último segundo;
se recosto, exhalo un último suspiro
acompañado de ún último baile
y se fue;
cerró sus ojos para siempre,
como ella lo había soñado,
vestida de payaso, maquillada como el primer día
y sonriente como siempre
Y allí se fue,
acompañada por el tiempo
aquél al que supo darle la espalda
y ahora cobraba lo que era suyo;
postrada allí en la cama
quedaba la niña, aquella que soño con ser pasayo,
que lo cumplió y cautivo a todos
con su simple presencia
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