era una larga calle
de terreno irregular,
en ella predominaban
los pozos repletos de agua,
por el aguacero
que poco antes había
acechado a la ciudad
yo caminaba por
aquel extraño sendero
mientras solo la luna
me acompañaba,
en una presencia
indómita, sin la belleza
que le caracterizaba
hacia el final
del camino
se vislumbraba una forma,
parecía casi humana,
pero le rodeaba una niebla
que imposibilitaba
todo reconocimiento
el frío
estremecio mi cuerpo,
hizo dudar a mi mente
y helo mi sangre,
el destino que tenía
aquel camino
era solo de agonía
recorrí la calle,
aquel sendero,
desafiando a mi alma
y sus temores,
cautivado
por lo que aquella
espesa niebla
escondía
entre el frío y la oscuridad
aquella bruma
fue apoderándose de mí,
consumiendome,
atrapándome cual
insecto en una telaraña,
para mostrarme un final
agonizante
llegué ante la forma
antes irreconocible
y entre todo el humo,
mientras el frío
impedía cualquier movimiento
o cualquier gesto,
comprendí y vi
que lo que allí me esperaba
era mi propia muerte
ella se escondió
entre aquella bruma
para esperarme
y dictarme mi desenlace
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