Una pared inmaculada
y cuasi vacía,
solo adornada por un cuadro,
de antiguo origen,
y que era la única decoración
de aquella pared
Allí se vislumbraba
una pintura, un rostro,
que miraba un horizonte perdido;
una mirada lúgubre,
de abatimiento eterno,
mirando por siempre
hacia el mismo lugar
viviendo en aquel lienzo
que añejo perduro
en el tiempo,
hasta que aquel cuadro
fue quitado de allí
y aquella triste mirada
ahora tenía un nuevo horizonte,
pero este nuevo paisaje
nada tenía de especial
era solo oscuridad
que consumiría lentamente
a aquel lienzo
y a aquella lúgubre mirada,
que perduro eternamente
sobre aquel cuadro
No hay comentarios.:
Publicar un comentario