martes, 6 de septiembre de 2016

Por esa puerta

- Por esa puerta que entren los que quieran, se dijo a sí mismo

- Por esa puerta que entren los que quieran, dijo en un susurro

- Por esa puerta que entren los que quieran, gritó

Estaba solo en su habitación, sentado en una silla, mirando fijamente la puerta cerrada que se extendía ante su mirada, esperando la entrada de alguien repentinamente por allí, su existencia parecía depender de aquella aparición

- Por esa puerta que entren los que quieran, volvió a gritar

Ningún ser apareció a través de la puerta, todo indicaba una espera en vano. El anciano permanecía en su silla, en la espera de aquello que quizás nunca suceda. No cesaba en su empeño de que su sueño, quizás utopía, se cumpliera; su rostro denotaba el cansancio de la espera y el vasto paso de los pensamientos por su vida.

- Por esa puerta que entren los que quieran, volvió a vociferar, ya con un dejo de súplica

Algo apareció en la puerta, fue sólo un instante, pero fue una eternidad para el anciano, que comprendía que no estaba solo en su existencia, que en aquel vacío alguien más existía. Todo volvió a la normalidad luego. La espera, la puerta, los gritos.

- Por esa puerta que entren los que quieran, dijo ya con un tinte a último esfuerzo

Nada apareció, la nada misma se sentaba detrás de esa puerta a observar sus esfuerzos, sus súplicas, su mirada penetrante rogando por algo para su existencia, algún ente que se presente, un enigma con alguna solución; algo. Pero nada le dio la nada, hay que decirlo.

- Por esa puerta que entren los que quieran

Exclamó mientras cerraba los ojos, buscando otro escondite para sus preguntas y sus súplicas

- Por esa puerta que entren los que quieran, aquí sólo encontrarán quietud y silencio.

(Y quizás, algo de soledad, añadió la nada desde el otro lado de la puerta)

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